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Retomando el hábito de la lectura

Toda mi vida, desde que tengo uso de razón, he amado leer. Es algo que me apasiona, me emociona y me hace viajar. El primer recuerdo que tengo de esta bella adicción (y uno de los más claros de mi infancia en general), es cuando yo tenía 5  años. Mi abuela materna, una maestra de primaria jubilada, me enseñaba a leer cuando me encontraba en mi último año de preescolar.

El siguiente recuerdo que viene a mi mente, es cuando yo tenía unos 9 o 10 años, que me escabullía a casa de mi abuela para tomar un libro de la enorme colección que ella tenía a sentarme a leerlo en completa soledad, dejando volar el tiempo mientras me sumergía en otro mundo. Uno de los libros que recuerdo haber leído durante estas escapadas fue Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë, novela que hasta la fecha sigue manteniéndose entre mis favoritas.

Con el paso del tiempo fui adquiriendo mis propios libros, que devoraba en pocas horas o días, mientras rápidamente mi biblioteca personal crecía y crecía. Leía todo lo que me llamara la atención, sin importar el género: novela dramática, ficción, biográficos, históricos, ciencia ficción, fantasía, thrillers, etcétera.

Peeeero como siempre, life happens. Se atravesó la universidad y los amigos, luego la pareja, el trabajo y últimamente, mi traviesa Little Monster. Por una cosa o por otra, dejé de tener tiempo (y probablemente interés) para leer. Mis prioridades habían cambiado grandemente, y gradualmente fui abandonando la lectura. De leer 2 libros o más al mes, pase a la terrible cantidad de cero libros al año. Ni uno, na-da.

Cuando conversaba con gente nueva y aparecía en la plática la típica pregunta: “Y, ¿qué te gusta hacer?”, yo siempre respondía en automático “Me encanta leer”. Y entonces, me llegaba la realidad de golpe y pensaba “Luz, por favor, ¡hace meses o quizás años que no lees ni una revista!”. Y me sentía culpable. Me sentía mal por haber abandonado algo que alguna vez fue mi pasión, mi escape, mi motivación a seguir creyendo, mi gimnasia para el cerebro, algo que era sólo para MÍ.

Así que decidí, un poco perezosamente, poner manos a la obra y arreglar eso. Empecé a comprar libros, quizás uno o dos cada seis meses. ¡Pero no los leía! Se iban automáticamente a la pila de “libros que algún día leeré” a empolvarse. Hasta que un día, me sentía muy frustrada, como desesperada y a la vez un poquito aburrida (cosa extremadamente rara cuando tienes hijos, pero sí, en estos casos sucede). Y me di cuenta que era porque ya no me daba tiempo en mis días y en mi rutina para lo que a mí me gustaba, para alimentarme a mí como ser individual y satisfacer a esa lectora que llevo dentro. Estaba de malas porque no me daba tiempo para mí, ya que todas mis actividades se centraban en ser estudiante, luego empleada, luego esposa y ahora madre, papeles que he disfrutado y amado, pero que de algún modo hicieron que dejara de lado mi papel de mujer.

Entonces hubo necesidad de tomar medidas más “drásticas”. Me puse a pensar, leer e investigar. No quería dejar de cuidar a mi hija ni estar ausente por estar leyendo, y traer un libro cerca de ella es un poco arriesgado ya que le gusta mucho romper hojas. Y se me ocurrió modernizarme un poco y decidí que mi opción debía ser algo digital, por lo que después de pensarlo un par de semanas, decidí autoregalarme de Navidad y cumpleaños un e-reader, y elegí un Kindle Paperwhite, de Amazon.

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Tengo ya un mes con él y estoy más que encantada. Esto va a parecer comercial, pero como mamá y lectora le veo varias ventajas:

  1. Es pequeño. La pantalla mide sólo 6 pulgadas, un tamaño muy similar al de un libro de bolsillo, lo cual facilita su transporte, me cabe en todos mis bolsos, tanto grandes como pequeños, hasta lo puedo echar en la pañalera de mi hija para cuando sé que tendré oportunidad de leer.
  2. La pantalla se ilumina. Esto fue un punto primordial para mí. Antes de ser madre, regularmente leía cuando ya me encontraba acostada lista para dormir, lo cual requería que hubiera una lámpara encendida a mi lado. Ahora, con Little Monster durmiendo en el mismo cuarto y la mayoría del tiempo en la misma cama, tener la luz encendida no es una opción. Aunque ella puede dormir con la lámpara de la mesita de noche encendida, sé que no hay mejor descanso que con la luz apagada. Ahora, con el Kindle puedo leer acostada junto a ella una vez que se haya dormido, sin molestarla ya que la iluminación se puede ajustar y no causa incomodidad en los ojos.
  3. La batería dura semanas (quizás hasta más cuando solo lees a ratitos durante el día). Esto me gusta mucho, pues no tengo que andarme preocupando por cargarlo antes de salir ni molestarme (o estresarme si la lectura está muy interesante) porque se apague a medio libro.
  4. Libros en varios idiomas. Me gusta mucho leer los libros en su idioma original, sea inglés o español (el italiano ni lo considero porque ya se me olvidó). Siempre he sentido que al momento de traducirlo a otro idioma, se pierde gran parte de la esencia que el autor quiso plasmar en él. Particularmente me gusta leer libros en inglés, y un plus que tiene este lector de libros electrónicos es que tiene un diccionario integrado, por lo que cuando no entiendes una palabra, simplemente la tocas y se abren opciones para ver su significado, sinónimos, antónimos, traducirla a otros idiomas, etc., lo que además ayuda a ampliar tu vocabulario.
  5. Los libros que son del dominio público son GRATIS. Siendo muy honesta, hay algunos libros un poco costosos en la tienda de Amazon, pero hay una amplia selección de libros a menos de $3 dólares y lo que es mejor: grandes clásicos como Los Miserables, Orgullo y Prejuicio, Utopía, El Arte de la Guerra y muchos, muchos más son completamente gratis.

Honestamente siempre voy a preferir un libro de verdad (es decir, de papel), pero en estos momentos, un lector de libros electrónicos es lo que me funciona y me ha hecho retomar poco a poco una de mis pasiones. Me había propuesto al comprarlo leer por lo menos un libro al mes y ya leí dos, cosa que no sucedía hace muchos años.

Todavía de vez en cuando le doy una hojeada a mis libros empolvaditos, no logro desprenderme de ellos, eventualmente espero complementar ambos tipos de lectura y algún día, transmitirle este hermoso hábito a mi hija.

Nota: Este post fue escrito sin patrocinadores, las opiniones expresadas aquí son completamente personales y compré el producto yo misma. (Aunque no me caería nada mal una cuenta gratis de Kindle Unlimited o al menos una gift card para comprar algunos libros).

Soy Lucy, diseñadora, mexicana y una mamá millennial. Soy madre de una pequeña de tres años de nombre Lucía, a quien cariñosamente llamo Little Monster en el blog. Tomo la maternidad con una taza de té y mucho sentido del humor. Comer, leer, dormir y escribir son mis placeres.

This article has 2 comments

  1. Mamá Rara

    Me siento muy identificada con este post. Una de las cosas que más me animaba de la vuelta al trabajo era el rato de lectura en el autobús. Aún así, no he recuperado el hábito tamo como quisiera, yo que era de leer varios libros al tiempo…

    • Lucy - Una mamá millennial

      Te entiendo, esos momentos de lectura a solas son una manera de desestrés y descanso, incluso de felicidad cuando la historia nos tiene enganchadas. Pero no te preocupes, por algo se empieza y hay que ser conscientes de que teniendo hijos es un poquito más difícil, pero lo poco que logremos debemos verlo como un avance. Ya siendo blogueras hemos dado un gran paso (también fue una de mis razones para abrir el blog, la lectura). Un abrazo!

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