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Maternidad

Sobreviviendo en IKEA con una toddler

Hace un par de semanas aprovechamos que Papá Millennial tenía unos días de vacaciones para irnos de vagos y como él nunca había ido a una IKEA se me ocurrió la maravillosa idea de que aprovecháramos que pronto vamos a hacer unos cambios en casa para que la conociera e igual y nos inspirábamos un poco.

Obviamente como soy IKEA lover snapchateé todo el viaje y recorrido en esta gloriosa tienda, a la que me gusta llamar “Disney para el ama de casa”. Lo peculiar de esta visita, es que todas las veces que yo había ido a IKEA habían sido antes de ser madre, por lo que siempre la recorría a mi antojo, tardándome mil horas y desde luego, brincándome las zonas de niños porque, ¿para qué querría verlas si ni sobrinos tenía?

Antes de que piensen: ¡pero si en IKEA hay guardería precisamente para disfrutar la tienda!, estoy consciente de ello, de hecho siempre me ha parecido muy padre que tengan esa área especial para que los niños no se aburran y estén bien cuidados mientras los papás hacemos las compras. Pero como mi hija aún no se le da la gana hablar (aunque entienda absolutamente todo lo que le decimos), no me animé a dejarla, me parece que todavía está algo pequeña, además que está acostumbrada a que le hablemos en español y de inglés solo sabe touchdowncookie y OK, así que ni siquiera pregunté si había algún requisito para poder dejarla.

 

Así que nos lanzamos a la aventura de recorrer IKEA con todo y Little Monster. Al principio todo transcurrió bien, mientras Papá Millennial y yo veíamos con ojos de amor cada objeto en el piso de showroom, mi hija iba sentada feliz en el carrito que tomamos al entrar a la tienda. Fueron los 30 minutos más pacíficos de nuestra visita, incluso ella me pidió una de los folletitos y un lapiz para ir anotando cosas.

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Todo era felicidad recorriendo salas y mini departamentos muestra hasta que poco antes de llegar al área de las cocinas Little Monster pidió bajarse. Estuvimos bobeando un poco en los sofás, hasta que llegamos a una exhibición de cocinas y comedores que tenía una cocina en miniatura para los niños. Y comenzó la odisea.

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Little Monster estaba FASCINADA con la cocinita de juguete. Siempre ha disfrutado estar de curiosa en la cocina y le gusta ayudar en casa jugando a que lava los trastes y limpia la barra con un trapo, así que se sintió soñada. El problema fue que después de unos 10 minutos ahí no quería irse. ¡Estaba divertidísima jugando! Tanto que “cocinaba” en la estufa y después iba y ponía los platos en el comedor de muestra que estaba a un lado.

Después de un mini berrinche por parte de ella y una negociación con galletas de nuestro lado, seguimos recorriendo IKEA, terminando de ver las cocinas, pasando por los comedores, las recámaras y la sección de oficinas. Entonces llegamos al área de niños. ¡Había olvidado completamente que había un área de niños! Ahí sí valió y nos quedamos fácil una media hora en lo que Little Monster tocaba y jugaba con todo. Intentamos de mil maneras convencerla de seguir pero ella quería seguir aferrada a jugar con todo lo que veía.

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Al final tuvimos que ser los malos y nos la llevamos cargando mientras berreaba y muchas personas volteaban a vernos. Como algunos la habían visto jugando le sonreían e intentaban animarla pero no funcionó. De cualquier modo eso habría pasado porque ya era necesario cambiarle el pañal así que con la distracción del baño se le olvidó su malestar.

Después del mini drama, procedimos a bajar al área del almacén para recoger los muebles que nos llevaríamos y pagar.  Y claro, como en todo viaje a una tienda cuando eres madre, también compramos unos platos y vasitos nuevos para Little Monster porque ya quiere tomar su agua en vaso normal como sus papás. En verdad quisiera que mi hija no creciera tan rápido. Disfruto mucho cada cosa nueva que hace, pero con cada aprendizaje me doy cuenta que está más lejos de seguir siendo una bebé.

Soy Lucy, diseñadora gráfica mexicana, acuariana y una mamá millennial. Me encuentro viviendo por primera vez el cambiante e inesperado viaje de ser madre, día a día con Papá Millennial y nuestra pequeña Little Monster. Comer, leer, dormir y escribir son mis placeres.

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