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A mis amigas sin hijos: gracias por quedarse (y a las que no lo hicieron, también)

No es regla absoluta pero si eres madre seguro lo viviste o conoces alguien que lo vivió. Cuando te conviertes en madre, las amigas desaparecen. O mejor dicho, tú te vuelves invisible. Es como si de un momento a otro dejaras de existir. Mágicamente ya no hay tiempo ni interés para verse o hablar.

Y es que cuando nos convertimos en madres, lo último que tenemos es tiempo para hacer todas esas cosas que antes hacíamos con tanta libertad. Y de repente, sin quererlo, te vuelves un poco aburrida para aquellas amigas que no tienen hijos (o sobrinos). ¿Quién quiere salir con alguien que se la pasará todo el rato hablando de su bebé o de lo tedioso que es cambiar pañales cuando ni siquiera piensas en tener una pareja o familia?

O quizás, tus motivaciones y gustos cambian, y ahora prefieres quedarte en casa con tu nuevo bebé que salir con las amigas. Tampoco ayuda eso de no dormir casi nada, por más que deseemos vernos y platicar, nos gana el deseo constante de tomar una siesta y aprovechamos cualquier momento para intentar descansar de esta nueva e impredecible vida.

Como la única madre de mi grupo de amigas, entiendo que es fácil sentir que ya no vale la pena hacernos la invitación a salir porque ya no es lo mismo. Y ciertamente, no lo es. Las prioridades en la vida se transforman muchísimo cuando te conviertes en madre. Aunque seamos amigas nuestros intereses han cambiado y las cosas que teníamos en común quizás han ido desapareciendo o disminuyendo. Esta clase de cambios son los que ponen a prueba las relaciones con nuestros amigos y que al mismo tiempo nos muestran el verdadero significado de la amistad.

Algunas amigas se quedan, otras se van. Puede que partan de manera triste o dramática, o que simplemente poco a poco fueron creciendo esos espacios y diferencias entre nosotras hasta que simplemente un día ya no nos buscamos más.

Siempre he pensado que no debemos arrepentirnos o lamentarnos de las cosas que hacemos mal o que nos suceden, pues a final de cuentas todo son lecciones aprendidas. Tomemos lo mejor de cada experiencia, buena y mala. Por ejemplo, esas amistades perdidas en el camino me han ayudado a valorar aún más a las amigas que todavía están presentes en mi vida y por eso, les doy las gracias. Porque me han ayudado a entender que algunas amistades no son para toda la vida, que eso está bien y que es algo normal.

Pero mi agradecimiento más grande es a las amigas que han sobrevivido mi maternidad. Gracias por seguir aquí. Por seguir siendo mis amigas a pesar de que hoy tenemos vidas tan distintas. Por continuar invitándome a cenar o por una cerveza cuando en múltiples ocasiones tuve que rechazar sus invitaciones durante los primeros meses de nacida de mi hija y no me sentía con ánimos de salir.

Gracias por su paciencia y su comprensión. No es fácil mantener la amistad con alguien que rara vez está disponible para salir a comer o por un café. Gracias por entender que mi hija me necesitaba, que yo también lo necesitaba y no haberlo tomado como algo personal.

Gracias, porque a pesar de que seamos tan distintas una de la otra, nos entendemos y nos aceptamos. Algunas de ustedes desean tener hijos, otras no. Y me encanta que respetamos mutuamente las decisiones de cada una. Que nos aceptemos tal y como somos, con nuestras decisiones de vida.

Gracias por demostrarme que la verdadera amistad existe y es capaz de sobrevivir cambios de vida tan grandes.

Tener amigas es muy importante en la vida de una mujer. Y aunque quizás no se tengan muchas cosas en común, salir, vernos y reír juntas nos levanta el ánimo y eleva el espíritu. Así me siento cada vez que veo a mis amigas. Ahora que mi hija ya no me necesita tan pegada a ella, estoy trabajando en ser una amiga más presente porque las he extrañado como loca. Y porque ustedes lo merecen. Porque el tiempo me ha demostrado lo que son las amigas de verdad.

Casi tres años después de convertirme en madre, aquí seguimos. Las amo, con todo mi corazón. Gracias.

Soy Lucy, diseñadora, mexicana y una mamá millennial. Soy madre de una pequeña de tres años de nombre Lucía, a quien cariñosamente llamo Little Monster en el blog. Tomo la maternidad con una taza de té y mucho sentido del humor. Comer, leer, dormir y escribir son mis placeres.

This article has 2 comments

  1. Daniela Jasso

    ¡Me encantó! A mí me pasó pero en mi caso sólo una amiga y dos amigos se quedaron, los demás se perdieron en el camino.

    • Lucy Ortega

      ¡Gracias! Qué bueno que te gustó. Tristemente así vamos perdiendo amigos en el camino de la maternidad, pero es mejor valorar los que tenemos y entender que es algo que sucede cuando vamos creciendo como personas.

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