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Viajar sola después de tener hijos
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Las nueve etapas de viajar sola después de ser madre

¿Viajar sola después de tener hijos? Dependiendo de tu punto de vista, puede ser un sueño o puede ser una verdadera tragicomedia.

Hace algunos meses te contaba que me integré al equipo del Stream Team de Netflix en México. Ese viaje no solo fue emocionante porque volvería a ver a muchas de mis amigas blogueras, sino que fue importante también porque era la primera vez, desde que soy mamá, que viajaría completamente sola.

De hecho, creo que no viajaba sola desde un viaje que hice hace más diez años, para visitar a unos tíos en San Francisco, California, en el que me fui a pasar con ellos un verano. Me fui sola porque mi hermana prefirió quedarse  y yo moría por ir.

Para quienes están acostumbradas, viajar sola es pan comida, nada del otro mundo e incluso algo rutinario. Pero después de ser madre, si sueles viajar solo en familia, viajar sola se convierte en toda una experiencia nueva. Así que analizando y diseccionando un poco ese viaje en soledad, descubrí que existen (al menos en mi caso) nueve etapas por las que pasamos las madres cuando viajamos solas después de tener hijos.

Las 9 etapas de viajar sola cuando eres madre: sin hijos ni pareja

Etapa 1: Te emocionas

Lo primero que sucede cuando te enteras o decides que viajarás sola es emoción. Si eres una apasionada de viajar igual que yo, viajes sola o acompañada, te emocionas por igual. Siendo mamá -al menos en mi caso- esa emoción vino acompañada de un brinco de alegría porque hace tiempo que no viajas sola. Te pones a pensar cómo será el viaje, planeas el itinerario, haces la lista de todas las cosas que necesitarás e imaginas cómo serán esos días lejos de casa.

Etapa 2: Se acercan los días y comienzas a sentir culpa

Sí. Esa maldita y siempre permanente culpa que sentimos las madres por una u otra razón. No, tampoco te deja cuando te vas de viaje. ¿Y es que cómo no sentirnos culpables? Si el instinto y nuestro amor incondicional de madres nos dicen que debemos cuidar y proteger a nuestros hijos 24/7. Hasta sentimos que estamos haciéndola de malas madres por querer o necesitar irnos unos días sin ellos.

Consejo: no dejes que la culpa te domine, sigue con tus planes.

Etapa 3: La culpa se transforma en preocupación

Como si no fuera suficiente con la culpabilidad, ahora entra tu cerebro en modo “mamá paranoica” y te pones a pensar en todos los posibles escenarios fatalistas que pueden ocurrir mientras tú no estás. Porque obviamente, eres quien hace que la casa no se caiga y que a tu familia no le falte nada.

En realidad, hacemos lo que toda madre hace: preocuparnos de que todo vaya a salir bien en nuestra ausencia, tal y como lo hacemos cuando salimos de date night o vamos a trabajar y dejamos nuestros hijos bajo el cuidado de alguien más. Solo que elevado a la novena potencia porque ahora estarás a cientos o miles de kilómetros de distancia.

Etapa 4: La despedida es un mar de lágrimas

Creo que esta es la etapa más difícil. Tienes tus maletas listas, ya le dejaste a papá o abuela la lista infinita de instrucciones y cosas que necesitan tus hijos y hasta las que no necesitan también (ya sabes, por si acaso). Entonces es el momento de decir adiós. Y a tu hija se le ocurre decirte mientras te abraza: “mamá quédate“. Valió. Madres.

Si eres hipersensible como yo, o tienes corazón de pollo con todo lo relacionado con tus hijos, felicidades, llegarás al punto de revisión hecha un mar de lágrimas, porque como toda buena madre, te aguantaste las ganas de llorar frente a tus hijos para que no se asustaran ni se sintieran inseguros con tu partida.

Etapa 5: Los nervios se apoderan de ti y pareces novata viajando

He viajado en avión muchísimas veces a lo largo de toda mi vida, desde que era una niña. En dos continentes distintos y más de 8 países. Me las sé todas, conozco el proceso, podría pasar por él con los ojos cerrados. Sé lo que hay que hacer en cada punto, desde que llegas al aeropuerto hasta el momento en que aterrizas y recoges la maleta en tu destino.

Pero ese día, cuando viajas por primera vez sola sin hijos ni pareja, tu cerebro se pone en blanco gracias a los benditos nervios. Estás atemorizada y olvidas todo por completo. Si yo normalmente soy torpe, ese día lo fui al triple. Ahora imagino que parecía un borreguito que se perdió de la manada en ese mar de gente caminando a toda velocidad.

Etapa 6: La sensación de “creo que algo me falta”

Esta sensación seguro la conoces si sueles andar con tus hijos para todas partes y de repente algún día los dejas con papá o con la abuela para salir sola a algún lado. Te bajas del coche, tomas tu bolso y apenas llevas tres pasos cuando te quedas congelada porque piensas “¡se me olvidó algo!“. Pero no, no se te olvidó nada y tu hijo está sano y salvo en otra parte.

Así me sentí durante el viaje. Como ya habíamos viajado con Lucía, estaba segura que algo me faltaba. Eso de llevar una maleta y una bolsa solamente me provocaba un sentimiento muy raro. Era una especie de combinación entre comodidad y ligereza, con paranoia y lagunas mentales. Obviamente no olvidaba nada, pero mi cerebro de mamá, acostumbrado a llevar mil cosas, estaba seguro que algo habíamos dejado.

Etapa 7: El momento en que comienzas a disfrutar el viaje

Creo que el primer momento en que comienzas a disfrutar el viaje es a mitad del vuelo, sentada por fin en tu asiento, el que estratégicamente elegiste para no compartir la fila con nadie más (bueno, que si voy a viajar sola, voy a viajar sola sola). Ya que pasas por todo el rollo de la documentación, guardar las maletas y demás, por fin te sientes relajada. Ese fue el momento justo en que sentí que podía disfrutar el viaje.

En comparación con viajar con niños, ahora tenía tres horas completamente libres para mí solita. Obviamente me fui preparada para hacer en esas tres horas todas las cosas que siempre quiero hacer en mi mommy time y nunca tengo tiempo: me llevé mi Kindle, un libro (por si me hartaba del Kindle) y había descargado varias películas y series en Netflix para ver en el camino. En esa época estaba terminando de ver Gran Hotel y justo en ese vuelo vi el final de la serie.

De ahí en adelante el viaje fue mucho más relajado, al ver a mis amigas y conocer en persona a grandes mujeres, olvidé por completo todas mis preocupaciones y el estrés previo al viaje. Aunque claro que llamaba y estaba pendiente por ver cómo estaban las cosas en casa, me lo pasé súper. Si ya estaba lejos al menos debía disfrutarlo sin culpas, ¿no?

Etapa 8: La nostalgia al estar cercano el fin

Lo malo de esto, es que aunque sean pocos días, uno se acostumbra rápido a lo bonito y fácil. Cargar una sola maleta, comer con tranquilidad, dormir sin ser levantada temprano en una cama solo para mí, no depender de nadie para planear el día, tomar siestas, ir al baño sola, ver a mis amigas o quedarme flojeando en el hotel.

Conforme se acercaba la hora de partir, me dio tristeza. No quería irme, porque por primera vez en mucho tiempo me sentía completamente relajada y sobre todo, sin estrés ni prisas. Pero también extrañaba a mi familia, así que era una mezcla de dos nostalgias: la de partir y la de volver a estar con mi familia.

Etapa 9: La alegría de volver a ver a tu familia

Desde luego, toda la tristeza, nostalgia y demás, se evapora cuando por fin vuelves a ver a tu familia y recibes un abrazo fuerte de tus hijos. Si bien el viaje fue divertido y se sintió como unas mini vacaciones muy, pero muy necesitadas, extrañaba a los míos.

Estas fueron las nueve etapas por las que pasé la primera vez que viajé sola después de convertirme en mamá. ¿Te pasó algo similar? ¡Cuéntame en los comentarios!

Foto Mujer viajera de Shutterstock

Foto Abordando de Shutterstock

Soy Lucy, diseñadora, mexicana y una mamá millennial. Soy madre de una pequeña de tres años de nombre Lucía, a quien cariñosamente llamo Little Monster en el blog. Tomo la maternidad con una taza de té y mucho sentido del humor. Comer, leer, dormir y escribir son mis placeres.

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