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Maternidad

Amo mi minivan, ¿y qué?

Tranquila, que no estoy buscando pelear. El título de este post me lo digo a mi “yo” de 20 años. Sí, esa que se negaba a ser vista en la calle en una minivan o “mamá van”. ¡Sí son horribles! ¿Cómo es posible que uno ande orgullosa por la vida en una “camioneta de mamá”. Y al igual que muchas otras estupideces que dije antes de ser madre, terminé cambiando de opinión y tragándome cada una de mis palabras.

Pero dejemos las mordidas de lengua para otro post y hablemos de las minivans. Esos vehículos que fueron diseñados exclusivamente para las madres. Dicen que es un auto para la familia, pero no señores, a mí no me engañan. Lo hicieron pensando nada más y nada menos que con una madre en mente. ¿Quién más apreciaría tanto un auto como éste? Nadie, solo las madres. Y te cuento por qué.

Más asientos, mayor comodidad

¿A quién le gusta viajar como sardina enlatada? A nadie – probablemente hasta las sardinas lo odien. Como mamás eso nos gusta mucho menos, especialmente cuando eres madre reciente y vas cargando con un millón de cosas cuando sales con tu bebé.

Empezando por los sistemas de retención infantil, que la mayoría suelen ser enormes y estorbosos (pero indispensables para la seguridad de nuestros hijos) y hacen que el espacio en el asiento de atrás inmediatamente se vea reducido. Eso no pasa en una minivan, no señoras.

Porque no sólo son más amplias que un vehículo de cuatro puertas. ¡Tienen una tercera fila de asientos! Y no son como las bellísimas y modernas SUV que tienen 7 u 8 asientos pero que en la última fila son tristes 10 centímetros en los que espera quepa una persona de tamaño normal. Acá todos viajan cómodos, estén en el asiento en el que estén.

Les cabe prácticamente todo

Volviendo al tema de ser mamá y cargar con mil cosas, a menos que quieras llevarte la cuna, no hay objeto o artilugio maternal que no quepa en una minivan. ¿Carriola? ¿Pañalera gigante? ¿Fular o mei tai? ¿Cambios de ropa para mamá en caso de accidente? ¿El corralito por si vamos a hacer una visita larga a casa de la abuela? ¿El moisés para que nuestro bebé pueda dormir dónde sea?

Quizás -y muy probablemente- la mayoría del tiempo no llevamos todo eso, pero cuando somos madres primerizas solemos empacar de más, ya saben “por si acaso”.

Son relativamente económicas

Cuando andas jugando a la taxista todo el día entre los viajes a la escuela, el mandado, el trabajo y las mil y un cosas que tenemos que hacer durante el día, que tu coche no sea un dragón es un enorme plus. El mantenimiento de una minivan es leve y el rendimiento de su gasolina es mucho mejor comparado con otros vehículos.

(Ya me puse muy técnica, así que pasemos al siguiente punto).

Básicamente, la minivan tiene todo lo que una madre necesita

¿Necesitas asientos con anclaje para la silla con ISOFIX?

¿Portavasos para la bebida especial de mamá? (Hablo de cafe, obviamente)

¿Sistema de ventilación para que tu hijo viaje cómodo y fresco mientras va a contramarcha?

¿Espacio en la cajuela para la carriola y además, para las compras?

¿Bolsas detrás de los asientos para colocar peluches pequeños o libros sensoriales al alcance de tu mano?

¿Puertas deslizables para bajar y subir fácilmente a tus hijos en estacionamientos angostos?

¿Asientos para cuando lleguen bebé número dos, tres o hasta cuatro?

¿Espacio para subir todos los aditamentos de las distintas actividades extraescolares a las que vayan tus hijos cuando crezcan?

¿Un asiento espacioso para tomar siestas o esconderte cinco minutos del mundo real? Ok, quizás esto último sea una exageración, pero en caso de necesitar una siesta a media mañana entre vuelta y vuelta, me gustaría verte intentar tomar una en un auto compacto.

Lo sé. La “mamá van” suena como una maravilla cuando tienes hijos o familia. Y aunque me pese aceptarlo y con esto despedirme de una parte más de mi juventud rebelde y escandalosa, debo admitirlo: amo mi minivan.

Foto Mujer manejando de Shutterstock

Soy Lucy, diseñadora, mexicana y una mamá millennial. Soy madre de una pequeña de tres años de nombre Lucía, a quien cariñosamente llamo Little Monster en el blog. Tomo la maternidad con una taza de té y mucho sentido del humor. Comer, leer, dormir y escribir son mis placeres.

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