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Embarazo

Buenos doctores, malos doctores: las apariencias engañan

Hoy comenzó como un día normal. Con la excepción de que era viernes y era el segundo día de la semana que iba a trabajar después del incidente de la gastroenteritis. Tenía programada desde hace una semana mi cita médica de rutina en el seguro, y como el dolor de espalda volvió decidí intentar pedir nuevamente un par de días, aunque fueran dos o tres para descansar pues eso me había funcionado la vez anterior.

Al llegar al área de consulta externa me informaron que mi doctora no había ido ese día pero estaba otro médico cubriendo las citas de sus pacientes. Pasé a que me tomaran mis signos vitales y procedí a sentarme a esperar a que me llamaran. La puerta del consultorio estaba entreabierta, así que me asomé para ver si el doctor que estaba cubriendo a la doctora estaba libre ya que regularmente si llegas y no hay nadie antes que tú aunque no sea tu hora de cita puedes pasar. No había señales de nadie, ni doctor ni pacientes ni nada. Esperamos unos minutos y pasó frente a nosotros un sujeto joven que llevaba pantalones de mezclilla, tenis y una camiseta negra con el nombre de Jay Leno en la espalda. Entró al consultorio y se sentó en la silla detrás del escritorio. Volteé a ver a mi esposo con mi típica cara de “¿Es en serio?” y él se rió y levantó los hombros sin saber qué decir. Ya estábamos ahí así que como vi que no había nadie le dije que pasáramos de una vez.

Entramos, le dije mi nombre al doctor y le expliqué que la doctora me había dicho que volviera por más incapacidad y por mi pase a ginecología, que aunque ahí se entrega hasta la semana 28, a mi me lo daría antes. El doctor puso cara de sorpresa y me preguntó para qué necesitaba la incapacidad, así que procedí a explicarle todo lo que había ocurrido en las últimas dos semanas y que mi dolor de espalda y pelvis no mejoraba a menos que descansara. Mientras le explicaba su cara pasó de incredulidad a preocupación.

Dr. : ¿No te han hecho análisis?

Yo: No.. bueno, hace un año cuando recién vine para abrirme un expediente, pero no durante el embarazo.

Dr.: ¿Y tienes dos semanas con esos dolores y sólo te han dado incapacidad para que descanses?

Yo: Sí.. (pensé, ya valió, me va a mandar a la goma).

Dr.: Muy mal, te voy a mandar a urgencias…

Yo: *cara de WHAT?!* ¿Por qué? Me habían dicho que era normal, que se debía al peso de la bebé…

Dr.: Por supuesto que no es normal, algo de dolor en la espalda sí, pero no tan constante, ya son dos semanas, además el dolor pélvico queseñalas indica que algo anda mal.

Yo: …

Dr.: Miren, yo soy obstetra, mi trabajo consiste en cuidar el embarazo desde su planeación hasta las primeras semanas de nacido de un bebé. Nos han llegado mujeres embarazadas de todas las edades con los síntomas que tú tienes ya dilatadas y en trabajo de parto, meses antes de lo planeado. No entiendo por qué ni tu médico general ni tu ginecólogo particular te revisaron cuando les dijiste que te sentías mal y continúas con esos dolores, no le dieron la importancia debida, pueden estar ambos en peligro. Voy por una enfermera para que los lleve a urgencias personalmente.

Cuando salió el doctor mi esposo y yo volteamos a vernos sin saber qué pensar. No quería preocuparme de más, así que intenté verlo por el lado positivo como si fueran a hacerme una revisión de rutina, aunque tanto mi esposo y yo pensamos que quizás estaba exagerando un poquito el doctor por la forma tan acelerada en cómo nos explicó todo.

Una vez en urgencias, esperamos unos 30 minutos y me pasaron. Cuando le dije al médico en turno por qué me habían mandado ahí con ellos soltó una carcajada.

Dr. Payaso: Pero si es normal que te duela la espalda, ¡estás embarazada!

Yo: Eso mismo me dijeron los otros doctores pero el obstetra piensa que es algo más grave porque tengo 2 semanas con los dolores.

Dr. Payaso: ¿Y?

Yo: …pues me mandó a revisión, lea la hoja que le envió con mi expediente

Dr. Payaso: Ya la leí

Yo: …

Dr. Payaso: Pásale pues, vamos a revisarte.

Me sentó en una silla y me preguntó donde me dolía, hizo presión en algunas áreas de mi abdomen pero sentí que solo estaba haciéndose tonto. Concluyó en que era dolor muscular y le dijo a la enfermera que me diera un frasco para una muestra de orina. Me lo entregó, fui al baño y se los regresé. Me dijeron que esperara y que me llamarían cuando estuvieran los resultados. Una hora y media después de estar sentados en las durísimas sillas de la sala de espera de urgencias mis dolores comenzaron a empeorar, tenía hambre y estaba muy enojada. Le pedí a la muchacha que estaba en el mostrador que investigara cuánto tiempo más debía estar ahí o si ya casi estaban mis resultados. Me dijo que tardarían quizás un par de horas y mejor me fuera y regresara más tarde.

Salimos de urgencias muy molestos y cansados, pero quise que regresáramos con el obstetra para comentarle lo ocurrido. Volvimos y al verme me preguntó sobre la revisión que me había mandado a hacer. Le expliqué lo que pasó y ahora el molesto era él. Me pidió que le describiera al doctor que me atendió en urgencias para saber quién había sido y le llamó a una enfermera. Se fijó que ya no hubiera más pacientes esperando turno con él y como ya era yo la última el mismo me revisó con el apoyo de la misma enfermera que me llevó a urgencias. La bebé estaba bien pero yo no, se dio cuenta que tengo una infección vaginal y que podría tener amenaza de parto prematuro. Una vez terminada la revisión me recetó medicamentos y me incapacitó una semana, no sin antes explicarme que en un embarazo una infección es muy peligrosa y puede poner en riesgo la vida del bebé, por lo que el reposo debería ser absoluto, nada de salir ni hacer cosas, solo podía levantarme de la cama para ir al baño y ducharme. Me pidió que volviera mañana a urgencias, donde le tocaría estar a él para que me hicieran un análisis completo pues piensa que quizás tenga una infección en las vías urinarias por la ubicación del dolor de espalda.

En resumen, cinco horas y muchas vueltas después, ese médico de apariencia informal fue el que más se preocupó por nosotros y se encargó de hacer lo que el payaso que estaba en urgencias no pudo o quiso hacer y me examinó como se debe.

La lección del día: las apariencias engañan, no todos los médicos con camiseta de Jay Leno y pantalones de mezclilla son flojos o tontos, ni los médicos vestidos con su uniforme y bata blanca son buenos y profesionales.

Soy Lucy, diseñadora, mexicana y una mamá millennial. Soy madre de una pequeña de tres años de nombre Lucía, a quien cariñosamente llamo Little Monster en el blog. Tomo la maternidad con una taza de té y mucho sentido del humor. Comer, leer, dormir y escribir son mis placeres.

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