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Embarazo

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Buenos doctores, malos doctores: las apariencias engañan

Hoy comenzó como un día normal. Con la excepción de que era viernes y era el segundo día de la semana que iba a trabajar después del incidente de la gastroenteritis. Tenía programada desde hace una semana mi cita médica de rutina en el seguro, y como el dolor de espalda volvió decidí intentar pedir nuevamente un par de días, aunque fueran dos o tres para descansar pues eso me había funcionado la vez anterior.
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¡Qué susto!

Nótese que soy primeriza: se me bajó la presión en el trabajo y entré en pánico. El día había transcurrido normal, como tenía bastante trabajo iba y venía de una oficina a otra (claro, sin cambiar de piso por aquello de las escaleras). Después de la hora de comida, donde la bebé karateka y yo devoramos la ensalada más deliciosa del universo volví a mis actividades regulares, pero alrededor de unos 40 minutos antes de la hora de salida, me comencé a sentir muuuuuy mal. Al principio pensé que quizás era un pequeño mareo por estar tanto tiempo con la mirada fija en la computadora, pero después de dos o tres minutos lo único que hacía era empeorar.
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